Cementerios registran menor afluencia.
Reportero - 22 de junio de 2026 - 06:20 pm
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El tercer domingo de junio transforma los panteones en un escenario de nostalgia viva, donde familias sustituyen los restaurantes y los regalos tradicionales por cubetas de agua, escobas y ramos de flores frescas.
La conmemoración del Día del Padre en los cementerios es una crónica de amor que desafía a la muerte, combinando el dolor de la ausencia con la alegría del recuerdo compartido.
Entre flores, cubetas de agua y silencios cargados de memoria, los panteones de Parral volvieron a abrir sus puertas al recuerdo en este Día del Padre. Sin embargo, la escena estuvo lejos de la multitud que cada 10 de Mayo desborda los camposantos: este fin de semana la afluencia fue hasta 40 por ciento menor, confirmando que, incluso en la muerte, la figura materna sigue convocando más visitas que la del padre.
Desde temprano, cuando el sol apenas comenzaba a calentar las lápidas, las primeras familias cruzaron los accesos de los panteones en la cabecera municipal con lo indispensable para la jornada: escobas, trapeadores, cubetas con agua, flores frescas y, en algunos casos, una silla plegable para quedarse un rato junto a la tumba.
No había prisa. El Día del Padre en el panteón no es una visita rápida; es un encuentro con la ausencia.
Poco a poco, el silencio que suele dominar estos espacios se fue rompiendo con el arrastre de las escobas, el golpeteo del agua sobre el mármol y las voces bajas de quienes llegaban a limpiar, acomodar flores o simplemente sentarse frente a la lápida de papá para pasar un momento con él, aunque fuera en la quietud del cementerio.
A diferencia del Día de las Madres, cuando los panteones parecen desbordarse de gente, este domingo el movimiento fue más moderado.
Autoridades municipales estimaron que la asistencia alcanzaría apenas el 60 por ciento de la que se registra el 10 de Mayo, lo que representa una disminución cercana al 40 por ciento.
No fue una jornada vacía, pero sí distinta. Menos saturada, menos bulliciosa, menos apretada entre pasillos. La comparación surgía sola en la conversación de quienes trabajan en estos espacios: el Día del Padre reúne, sí, pero no arrastra la misma marea humana que convoca el recuerdo de las madres.
Aun así, la emoción estaba intacta. En cada sección del panteón había una escena distinta: hijos arrodillados limpiando la tumba con paciencia; viudas cambiando flores marchitas por gladiolas recién compradas; nietos preguntando en voz baja dónde estaba enterrado el abuelo; hermanos reunidos para recordar al hombre que fue el centro de la familia.
Algunos rezaban, otros platicaban anécdotas, y no faltó quien se quedará en silencio, mirando fijo la fotografía colocada en la lápida, como si en cualquier momento fuera a responderle.
La visita al panteón, en fechas como esta, tiene algo de ritual y algo de convivencia. No es raro ver a familias que, después de limpiar la tumba, se quedan un rato sentadas en la banqueta o en una silla plegable, compartiendo refrescos, botanas o el almuerzo que llevaron para “acompañar” a papá en su día.
Los vendedores también forman parte del paisaje. A la entrada de los cementerios, las flores se convierten en el regalo obligado: gladiolas, rosas, ramos sencillos o coronas completas.
Algunas manos entran con cubetas y cepillos; otras, con arreglos florales envueltos en celofán. Cada familia decide cómo honrar al ausente, pero casi todas coinciden en algo: la tumba debe quedar limpia, presentable, digna de la fecha.
Mientras tanto, las autoridades municipales aseguraron que los panteones municipales estaban preparados para recibir a los visitantes, especialmente en días de mayor afluencia como el Día de las Madres y el Día del Padre.
La diferencia numérica entre ambas fechas, sin embargo, deja ver una realidad que se repite año con año: la tradición de visitar el panteón por el 10 de Mayo mantiene un arraigo mucho más fuerte. El Día del Padre convoca, pero no al mismo nivel. Quizá porque las costumbres familiares se inclinan más hacia la figura materna, quizá porque el homenaje al padre suele ser más discreto, más silencioso, menos multitudinario. Lo cierto es que en los pasillos del cementerio esa diferencia se nota.
Y, aun así, quienes acudieron este domingo lo hicieron con la misma intención: no olvidar. Porque detrás de cada tumba había una historia, una ausencia, una voz que alguna vez dio consejos, regaños, abrazos o sustento.
Algunos llegaron a llorar. Otros, a agradecer. Otros más, simplemente a cumplir con la costumbre de venir cada año, como si el tiempo no hubiera pasado.
Conforme avanzó el día, las visitas comenzaron a disminuir. Las cubetas vacías se cargaron de regreso, las escobas dejaron de sonar y los ramos quedaron acomodados sobre las lápidas ya limpias.
No hubo la multitud del 10 de Mayo, pero sí hubo flores, rezos, lágrimas y recuerdos. Hubo tumbas lavadas con esmero y nombres pronunciados en voz baja.
Hubo hijos que volvieron para decir “feliz día” frente a una cruz de cantera. Y aunque el Día del Padre convoque menos gente que el Día de las Madres, en los panteones de Parral quedó claro que también hay ausencias que siguen pesando, y padres que siguen siendo recordados con la misma fuerza con la que un día sostuvieron a su familia.
ESTEBAN VILLALOBOS GUILLÉN
©El Monitor de Parral
Fuente: https://elmonitordeparral.com/spip.php?article37594
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