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LA NOCHE QUE PARRAL ARDIÓ DE MIEDO

Fuego y caos en Zapata; pipa envuelta en llamas sembró el pánico hace 41 años.

Reportero - 6 de junio de 2026 - 10:00 am

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Una pipa envuelta en llamas sembró pánico en la colonia Zapata y puso a la ciudad al borde de una tragedia histórica. A más de cuatro décadas, aquella madrugada de 1985 sigue viva en la memoria colectiva como la noche en que nadie durmió.

La madrugada del 5 de junio de 1985 quedó marcada para siempre en Parral. Eran las 0:20 horas cuando una pipa cargada de combustible comenzó a incendiarse en la calle Mártires 3 de Mayo, principal acceso de la colonia Emiliano Zapata.

En cuestión de minutos, el fuego iluminó el cielo, desató el terror entre cientos de familias y puso a la ciudad frente a un escenario devastador.

El mayor temor no era solo la unidad ardiendo. A escasos 300 metros se encontraban las instalaciones de Pemex, donde se almacenaba cerca de un millón de litros de combustible. Si el fuego alcanzaba esa zona, Parral podía enfrentar una catástrofe sin precedentes.

La memoria nacional aún estaba golpeada por la tragedia de San Juanico, ocurrida meses antes en el Estado de México, donde una serie de explosiones cobró cientos de vidas. Ese recuerdo convirtió el miedo en histeria. Muchos pensaron que en Parral ocurriría lo mismo.

De acuerdo con testimonios de la época, el conductor de la pipa, Ricardo Peña, detectó un flamazo mientras avanzaba por la colonia. Sin perder tiempo, detuvo la unidad, descendió y comenzó a tocar puertas casa por casa para alertar a los vecinos.

Su reacción fue decisiva. Gracias a ese acto, decenas de familias lograron abandonar sus viviendas antes de que el fuego creciera y el peligro se volviera incontrolable.

La evacuación fue caótica. Vecinos salieron en pijama, otros apenas cubiertos, algunos cargando niños dormidos y otros auxiliando a personas mayores. El miedo corría más rápido que las llamas.

En pocos minutos la colonia Emiliano Zapata quedó vacía. También se vaciaron sectores cercanos como López Portillo, Morelos, Felipe Pescador y Fátima, donde el rumor de que Pemex estaba explotando provocó un éxodo masivo.

Hubo choques vehiculares, personas separadas de sus familias, crisis nerviosas y escenas de angustia que aún recuerdan quienes estuvieron allí.

Bomberos, Cruz Roja, Ayuda y Rescate, Policía Municipal, Policía Judicial y elementos del Ejército Mexicano arribaron al lugar para contener la emergencia.

Mientras algunos combatían las llamas, otros evacuaban curiosos y resguardaban viviendas ante el temor de saqueos. El fuego alcanzó alturas impresionantes y podía observarse desde distintos puntos de la ciudad.

Más tarde, el comandante de Bomberos, Teódulo Delgado, explicó que el incendio se originó por un derrame de diésel que al contacto con el escape de la unidad generó el flamazo.

La prioridad era una sola: impedir que la pipa explotara por completo.

Hacia la 1:30 de la madrugada el incendio fue controlado. El primer reporte fue alentador: no había muertos ni lesionados. La ciudad respiró.

Sin embargo, horas después se confirmó una noticia devastadora. Un adolescente de 14 años, enfermo del pecho y con discapacidad motriz, falleció tras ser evacuado por su abuela rumbo al cerro. Según relató la mujer, el menor se asustó al observar las llamas y comenzó a quejarse de dolor antes de dejar de respirar.

El hecho cambió por completo el saldo de aquella noche.

El siniestro dejó ocho viviendas destruidas, automóviles calcinados, postes consumidos por el fuego y pérdidas calculadas entonces en más de 40 millones de pesos.

Pero también dejó indignación. Los vecinos exigieron la salida inmediata de las instalaciones de Pemex de la zona urbana. Hubo protestas y bloqueos al ingreso de pipas como medida de presión.

La exigencia rindió frutos. Tiempo después, los depósitos fueron reubicados a las afueras de la ciudad, rumbo a la carretera vía corta Parral-Chihuahua.

A 41 años del incendio, muchos aún la llaman “la noche en que Parral no durmió”. Las calles vacías, el cielo teñido de rojo y la desesperación de cientos de familias siguen presentes en la memoria de una generación entera.

Aquella madrugada dejó miedo, dolor y pérdidas, pero también mostró el valor de ciudadanos, rescatistas y de un chofer que corrió puerta por puerta para salvar vidas.

Parral estuvo a minutos de una tragedia monumental. Y nunca lo olvidó.

ESTEBAN VILLALOBOS GUILLEN

©El Monitor de Parral
Fuente: https://elmonitordeparral.com/spip.php?article37160

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