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ENERGICA PROTESTA POR AGRESIONES CONTRA MUJERES

Colectivos, escuelas y victimas de afectadas se manifiestan.

Reportero - 8 de marzo de 2026 - 07:34 pm

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Colectivos, escuelas y victimas de afectadas se manifiestan.

Realizan marcha desde la Puerta del Tiempo hasta la Plaza de la Identidad con reclamos muy severos en contra de los hechos violentos que han afectado a la mujer parralense.

Pero además hay un profundo reclamo por la impunidad que las autoridades fomentan, por la falta de justicia ejemplar y el desanimo oficial de dar resultados.

Los casos de las maestras Lucero y Edna Marilyn fueron el centro de los reclamos que la tarde de este domingo se hicieron en la marcha denominada 8M.

El reclamo de justicia fue reiterativo desde el recorrido.

En ambos casos, los agresores se encuentran bajo prisión en espera de que se les dice sentencia condenatoria ya que se encuentran confesos.

El contingente 8M en Parral lo encabezó Dulce, la hermana de la maestra Lucero Zapien Urbina, fallecida el pasado 20 de mayo en manos de quien fuera su pareja sentimental.

©El Monitor de Parral
Fuente: https://elmonitordeparral.com/spip.php?article34825

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Mensajes

  • Edna?? Ok si fue un atropello pero no directamente fue violencia vs la mujer esto fue un accidente además influyó su hermana en su muerte es muy injusto que se esté catalogando como violencia contra la mujer si prácticamente su hermana fue la que intervino indirectamente pero tristemente así fue

  • Lucero y la justicia que se grita, pero no siempre se entiende

    El nombre de Lucero se ha convertido en una consigna más durante las marchas del 8 de marzo. La maestra perdió la vida en un hecho brutal por el que hoy se encuentra detenido quien fuera presuntamente su pareja sentimental. La exigencia de justicia se ha repetido con fuerza en redes sociales, en pancartas y en consignas que reclaman castigo.

    Pero en medio de la indignación colectiva, conviene hacer una pausa para entender qué significa realmente la palabra justicia.

    El presunto responsable se encuentra en prisión y el caso está en manos del sistema judicial. En un Estado de derecho, la justicia no se decreta en las calles ni en redes sociales: se construye con pruebas, con procesos y con una sentencia emitida por un tribunal. Hasta ese momento, legalmente, la responsabilidad penal aún debe demostrarse.

    Sin embargo, parte de la indignación pública se ha dirigido también contra la juez que previamente conoció un proceso de violencia entre la maestra y el ahora acusado. En ese momento surgió el debate sobre si el delito debió reclasificarse como feminicidio en grado de tentativa.

    La juzgadora sostuvo posteriormente que su decisión se basó en la acusación presentada por el Ministerio Público. En el sistema penal acusatorio, es la fiscalía quien define el delito que se imputa y quien debe presentar los elementos que lo sostienen. Esa realidad jurídica rara vez aparece en las consignas, pero es parte fundamental del funcionamiento del sistema.

    Si existió una falla institucional, la discusión debería centrarse en la actuación de quienes integraron el caso: Ministerio Público, autoridades judiciales y los procedimientos que permitieron que una situación de violencia escalara hasta un desenlace fatal.

    Pero hay otra pregunta aún más incómoda, una que casi nunca aparece en las pancartas: ¿qué ocurrió en el entorno cercano de Lucero antes de que todo terminara en tragedia?

    Personas que la conocían han señalado que atravesaba conflictos emocionales visibles en distintos ámbitos de su vida: en la escuela, en su círculo social y en su entorno personal. Si esas señales existían, resulta inevitable cuestionar por qué nadie logró intervenir de manera efectiva.

    ¿Cómo fue posible que continuara frente a un grupo de estudiantes si su situación personal era tan complicada? ¿Dónde estaban los amigos que hoy lamentan su muerte? ¿Qué papel jugó su familia frente a los problemas que aparentemente enfrentaba?

    La realidad es incómoda: muchas tragedias no ocurren de un día para otro. Se van construyendo en silencio, entre decisiones institucionales cuestionables, procesos legales imperfectos y entornos sociales que miran hacia otro lado.

    Exigir justicia es legítimo. Pero si la sociedad realmente quiere evitar que historias como la de Lucero se repitan, la discusión no puede quedarse únicamente en la indignación del momento. También debe incluir una reflexión profunda sobre las instituciones, las responsabilidades y las omisiones colectivas que permiten que estas historias lleguen demasiado lejos.

  • Lucero y la justicia que se grita, pero no siempre se entiende

    El nombre de Lucero se ha convertido en una consigna más durante las marchas del 8 de marzo. La maestra perdió la vida en un hecho brutal por el que hoy se encuentra detenido quien fuera presuntamente su pareja sentimental. La exigencia de justicia se ha repetido con fuerza en redes sociales, en pancartas y en consignas que reclaman castigo.

    Pero en medio de la indignación colectiva, conviene hacer una pausa para entender qué significa realmente la palabra justicia.

    El presunto responsable se encuentra en prisión y el caso está en manos del sistema judicial. En un Estado de derecho, la justicia no se decreta en las calles ni en redes sociales: se construye con pruebas, con procesos y con una sentencia emitida por un tribunal. Hasta ese momento, legalmente, la responsabilidad penal aún debe demostrarse.

    Sin embargo, parte de la indignación pública se ha dirigido también contra la juez que previamente conoció un proceso de violencia entre la maestra y el ahora acusado. En ese momento surgió el debate sobre si el delito debió reclasificarse como feminicidio en grado de tentativa.

    La juzgadora sostuvo posteriormente que su decisión se basó en la acusación presentada por el Ministerio Público. En el sistema penal acusatorio, es la fiscalía quien define el delito que se imputa y quien debe presentar los elementos que lo sostienen. Esa realidad jurídica rara vez aparece en las consignas, pero es parte fundamental del funcionamiento del sistema.

    Si existió una falla institucional, la discusión debería centrarse en la actuación de quienes integraron el caso: Ministerio Público, autoridades judiciales y los procedimientos que permitieron que una situación de violencia escalara hasta un desenlace fatal.

    Pero hay otra pregunta aún más incómoda, una que casi nunca aparece en las pancartas: ¿qué ocurrió en el entorno cercano de Lucero antes de que todo terminara en tragedia?

    Personas que la conocían han señalado que atravesaba conflictos emocionales visibles en distintos ámbitos de su vida: en la escuela, en su círculo social y en su entorno personal. Si esas señales existían, resulta inevitable cuestionar por qué nadie logró intervenir de manera efectiva.

    ¿Cómo fue posible que continuara frente a un grupo de estudiantes si su situación personal era tan complicada? ¿Dónde estaban los amigos que hoy lamentan su muerte? ¿Qué papel jugó su familia frente a los problemas que aparentemente enfrentaba?

    La realidad es incómoda: muchas tragedias no ocurren de un día para otro. Se van construyendo en silencio, entre decisiones institucionales cuestionables, procesos legales imperfectos y entornos sociales que miran hacia otro lado.

    Exigir justicia es legítimo. Pero si la sociedad realmente quiere evitar que historias como la de Lucero se repitan, la discusión no puede quedarse únicamente en la indignación del momento. También debe incluir una reflexión profunda sobre las instituciones, las responsabilidades y las omisiones colectivas que permiten que estas historias lleguen demasiado lejos.

  • Y de los hombres que estan pasando condenas injustas en la cárcel por qué las mujeres los han denunciado falsamente y con mentiras y solo por qué son mujeres les creen las mentiras las autoridades que???

  • y las maestras que andan ahi exhijiendo justicia pero bien que cuernean al marido, que risa por que se dan de santas y de conducta intachable pero bien que se meten al laboratorio de computadoras a escondidas, segun nadie las ve

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